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COVID-19 Y DIFICULTADES PARA COMER

Aproximadamente el 20% de los pacientes con COVID-19 sufren síntomas que requieren hospitalización, en muchas ocasiones en la UCI y con soporte respiratorio. Además de los síntomas respiratorios, estos pacientes suelen presentar capacidad motora reducida y alteraciones cognitivas. Estos pacientes van a necesitar una intervención multidisciplinar debido a las actuaciones llevadas a cabo en las Unidades de Cuidados Intensivos por la afección respiratoria, traqueotomía y alteraciones motoras y cognitivas como resultado de la inactividad física, lo que lleva en muchos a casos a disfagia y alteraciones en la deglución.

La disfagia orofaríngea, como hemos comentado en otras ocasiones, es la dificultad para tragar o deglutir por cambios en la función motora o sensorial, es decir, llevar el bolo alimenticio desde la boca hasta el esófago de manera segura y eficaz, o dificultades para tragar la saliva, los líquidos y alimentos de diferentes consistencias. Normalmente la disfagia aparece por la existencia de un daño neurológico, como un accidente cerebro vascular, traumatismo craneoencefálico, enfermedad de Parkinson, demencia, etc., o porque las estructuras y músculos de la deglución dejan de funcionar correctamente, en los casos de cáncer de laringe o parálisis de las cuerdas vocales, entre otras causas.

Aproximadamente 1/3 de los pacientes post-extubados por COVID-19 presentan disfagia, independientemente de la edad, aunque afecta más a personas mayores de 75 años. Puede provocar neumonías aspirativas y pueden volver a ser intubados. Otro signo de la disfagia son los atragantamientos. Así, si se observan síntomas de disfagia orofaríngea, se debe realizar una evaluación cuando sea posible para mejorar la seguridad y eficacia de la deglución de líquidos y sólidos.

 La finalidad de la intervención es promover la alimentación autónoma. Hay que trabajar de forma conjunta con un/una nutricionista, ya que vamos a ir cambiando la consistencia de los alimentos a lo largo de todo el proceso. Cuando el paciente presenta dificultades o es incapaz de tragar los líquidos, tenemos que usar espesante alimentario, para asegurarnos que ingiere la cantidad de agua necesaria al día de forma segura.

Además del momento del paso del alimento desde la boca hasta el estómago, debemos tener en cuenta otros aspectos. Hay que cuidar la higiene dental tras cada comida para evitar infecciones, comer en un entorno agradable y tranquilo, sin prisas. Mantener una postura adecuada, con los dos pies apoyados en el suelo y la espalda hacia delante. Es recomendable poner pocas cantidades de comida en la boca y descansar después de cada comida. Una vez que ha tragado, podemos hacer que tosa o que hable para asegurarnos que no han quedado restos de comida en la garganta.

Una vez que evaluamos a un paciente y determinamos que no se puede llevar a cabo una intervención, tenemos que asegurarnos que la dieta es la adecuada. Se pueden ofrecer otras alternativas, como el uso de una sonda nasogástrica, de forma complementaria o para su uso total. La disfagia orofaríngea puede tener consecuencias como desnutrición, deshidratación, infecciones respiratorias, neumonía por aspiración.

Sobre la autora:

Asunción Navajas Santos.

Logopeda. Col/29-1282

Máster ABA. Análisis aplicado de la conducta en autismo y otros trastornos del desarrollo.

Técnico educación infantil.

Actualmente cursando el Máster de Neuropsicología

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